Verso

En el verso del versero hay siempre una premisa:

hacer creer al otro que con él se simpatiza.

Las palabras que emplea son sí y por supuesto,

al que se quita el saco y al que lo deja puesto.

 

En cambio, en mano del manipulador, el friolento tiene calor y el acalorado frío.

No tiene temperatura propia,

porque si lo tuyo es tuyo lo tuyo es mio,

y el que piense diferente no es persona, es delincuente.

 

Y es en la corona del crédulo que ejerce el inconciente;

adora el halago de los versos y se aferra a la mano que lo guía

hacia la seductora y falsa ilusión

que lo distraen de las mentiras y la falta vocación.

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